Presentación Rogelio Dominguez Montejo.

octubre 4, 2008

Cuando las mariposas se van

 

Cuando las mariposas se van así tan fácil, como si ya no les quedara nada más qué hacer ¿por qué?, ¿por qué se van si con su partida causan un grandísimo dolor?, ¿por qué se van si con su retirada causan inestabilidad tan displacentera?, ¿por qué se van sin con ello la realidad se vuelve un simple recuerdo, algo que ya no es, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿quién lo pueden entender?. Mariposas tan hermosas que se han paseado en el estómago de cada uno de nosotros, ¿qué se puede hacer?, ¡todo y a la vez nada!. ¿Acaso solo queda luchar o llorar amargamente su partida?, ¿quién lo sabe?, pareciera que se retiran en un instante, sin embargo no es así, su partida se da poco a poco, más la mayoría de as veces no alcanzan uno a verlo, ¡no por favor no se vayan, quédense!, ¿qué no ven que con su retirada dejan un espacio en blanco?, un espacio que un día tuvo los más destellantes colores.

Presente que se vuelve pasado, así es cuando aquella o aquel quien un día fue demasiado valioso en nuestras vidas nos da la noticia de que ya no quiere estar más a nuestro lado; que las mariposas que sintió  en su estómago ayer ya no existen y son solamente un recuerdo; se piden explicaciones más ya no hay nada que hacer pues el amor a la fuerza no es amor; justificaciones que no calman el dolor de nuestro corazón, ni impiden que rompa en llanto, mientras la sangre va de un lado a otro como si este hubiera olvidado su curso normal. La piel cambia de color como el arcoiris más pálido, a la vez que esa persona ilusamente trata de lastimarnos lo menos posible  con sus palabras que apuñalan cada parte de nuestro cuerpo.

¿Qué hemos hecho o qué no hemos hecho para que esta situación tan ingrata se presente?, ¿faltó comunicación, interés o que fue lo que sucedió?, ¡por favor una explicación lógica!, lamentablemente el amor no entiende de lógicas, así como llega se va. Podemos tratar de salvar la relación siempre y cuando el otro lo desee, pero cuando no es tal modo lo más conveniente será decir adiós, aunque esas cinco letras terminen por desgarrar nuestras ilusiones aniquilando las esperanzas que, pudieran haber existido.  Separarse y continuar con semejante duelo, aunque resulte ilógico ese final a uno, dos, cinco, diez, veinticinco o más años de estar juntos, pero “a fuerzas ni  los zapatos entran”.

Iniciemos la retirada junto a esas mariposas y cuando vuelvan aparecer no las dejemos ir, tengamos la mejor de las comunicaciones y adelante, si se vuelven a ir que no haya sido por nuestros errores, y si así fuera, afrontemos lo que venga, lamentablemente el amar a veces duele, pero no mata.

Hello world!

septiembre 27, 2008

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